La primera vez que aceptó posar no estaba intentando convertirse en modelo; solo quería dejar de esconderse.
Ilka Brühl nació en Alemania con una hendidura facial, los conductos nasales malformados y sin el conducto lagrimal derecho. Su primera operación llegó cuando tenía apenas tres meses y, con los años, pasó por más de 10 cirugías para mejorar principalmente su respiración.

Pero crecer fue otra historia. Durante su infancia y adolescencia soportó burlas por su rostro y terminó convencida de que debía pasar desapercibida. Evitaba llamar la atención y su autoestima quedó profundamente marcada por la forma en que otros la miraban.
El cambio comenzó alrededor de 2014, cuando amigos fotógrafos le propusieron posar para ellos. Ilka aceptó con dudas, pero ocurrió algo que no esperaba: verse retratada de otra manera empezó a cambiar también la forma en que ella misma se veía.
Una sesión llevó a otra y terminó entrando al modelaje. Ya no quería que editaran sus rasgos ni esconder aquello que durante años le habían hecho sentir que estaba “mal”. Al contrario, decidió mostrarlo.
Con el tiempo empezó además a usar su visibilidad para hablar de diferencias faciales, autoestima y de la necesidad de ver muchos más tipos de rostros en la moda.
Ilka no llegó al modelaje porque encajara en el canon que durante años le dijeron que debía perseguir. Llegó precisamente cuando decidió dejar de perseguirlo.
