Roque Iglesias nació en Valencia, España, sin signos vitales. Una hemorragia cerebral de grado tres le dejó inutilizado el 80 % de la masa encefálica y derivó en hidrocefalia. Durante años sobrevivió gracias a una válvula implantada en su cabeza.

Los médicos no le daban esperanzas. Pasó por más de 50 cirugías, cargó cicatrices por todo el cuerpo y hasta llegó a perder la vista. Pero su cerebro hizo algo que la ciencia todavía intenta explicar del todo: se reorganizó, recuperó la visión y desarrolló un coeficiente intelectual de 131 puntos, propio de una persona superdotada.

Hoy, a los 19 años, Roque entrena, hace terapias, toca la batería y da charlas sobre resiliencia y salud mental. Necesita apoyo en algunas tareas, pero asegura que cada día es una oportunidad que no pensaba tener. 🧠✨

