Un dolor de cuello lo llevó al Hospital Tongji de Wuhan, China. Nadie imaginó que terminaría solo, inmóvil, encerrado dentro de un tubo de resonancia magnética durante casi seis horas.

El médico marcó el estudio como terminado a las 12:10 de la madrugada, mientras el paciente seguía dentro de la máquina. El turno cambió. El nuevo encargado nunca verificó si alguien quedaba adentro. Así, en el silencio de un pasillo vacío, un hombre esperó horas sin que nadie recordara que estaba ahí.

Cuando finalmente lo encontraron, el hospital reaccionó: revisión médica completa, contacto con su familia, una investigación interna que confirmó fallas graves en el protocolo de turnos. Ahora hay un equipo especial trabajando para que ningún paciente vuelva a sentirse tan solo como él aquella madrugada.

