“¿Qué tiene que pasar para que empecemos a tomarnos en serio la salud mental de una madre después del parto?” Esa es una de las preguntas que ha vuelto a aparecer alrededor del caso de Lindsay Clancy, una mujer de Massachusetts que está siendo juzgada por la muerte de sus tres hijos pequeños.
Clancy era enfermera y, meses después de dar a luz a su tercer hijo, comenzó a recibir atención por problemas de salud mental. Su defensa sostiene que atravesaba un cuadro grave de depresión y psicosis posparto, había recibido distintos medicamentos y no estaba en pleno uso de sus facultades cuando ocurrieron las muertes. La fiscalía, en cambio, sostiene que sabía lo que estaba haciendo y que actuó de manera deliberada.
El caso ha hecho que muchas miradas vuelvan hacia lo que ocurre después de tener un bebé. Aunque suele hablarse de depresión posparto, existen cuadros menos frecuentes y mucho más graves, como la psicosis posparto, que puede provocar delirios, alucinaciones y una pérdida del contacto con la realidad.
Nada de eso disminuye la tragedia de tres niños que perdieron la vida. Pero el juicio también ha dejado una pregunta difícil de ignorar: ¿estamos prestando suficiente atención cuando una madre dice que algo no está bien después de dar a luz?
