Millones de personas vieron el partido. Nadie vio el crucifijo.

Mientras Iván Barton pitaba la semifinal del Mundial 2026 entre Francia y España, un pequeño accesorio plateado colgaba de su silbato sin que las cámaras ni los aficionados repararan en él. Solo después, revisando fotografías del encuentro, los usuarios en redes sociales lo identificaron: un crucifijo sujeto al cordón, presente durante los 90 minutos de partido.

El salvadoreño sancionó un penalti a favor de España en la primera mitad, en el juego que terminó 2-0 y llevó a la Roja a la final. Fue su cuarta designación en este Mundial, tras dirigir Turquía-Paraguay, Japón-Suecia y Suiza-Colombia. El detalle, pequeño pero real, terminó pesando más que cualquier decisión arbitral en las conversaciones posteriores al partido.

