Con 18 años, nadie apostaba por Luis Díaz. Una enfermedad lo había dejado tan delgado que los clubes lo descartaban sin pensarlo dos veces. Venía de La Guajira, una de las regiones más pobres de Colombia, y crecido dentro de la cultura indígena Wayuu, todo parecía indicar que el fútbol profesional no era para él.

Pero en 2015 algo cambió. En la Copa Sudamericana de los Pueblos Indígenas anotó siete goles, y entre el público estaba Carlos Valderrama, quien reconoció en ese cuerpo frágil algo que los ojeadores tradicionales no supieron ver. Cuatro años bastaron para que ese mismo joven llegara a Europa.

Hoy, Luis Díaz es pieza clave del Bayern de Múnich y una de las mayores esperanzas de Colombia para el Mundial de 2026. La misma delgadez que casi lo saca del fútbol terminó siendo parte de una historia que nadie olvida.


