Mohamed Bzeek llegó a Estados Unidos desde Libia para estudiar ingeniería. Terminó siendo, según el condado de Los Ángeles, el único padre de acogida dispuesto a recibir niños con enfermedades terminales, esos que ningún otro hogar quiere.

Desde 1989 ha cuidado a 80 niños. Diez murieron en sus brazos. Muchos llegaban del hospital sin nombre, solo con “Niño” o “Niña” escrito en el papel, porque sus propias familias los habían abandonado. Bzeek les ponía nombre. Les daba una cama, una cocina donde el olor a comida llenaba la casa, y los últimos días que alguien los sostuviera con calma.

Hoy tiene 65 años y enfrenta su propio cáncer de colon. Dice que sintió el mismo miedo que sienten esos niños al saberse solos. Y aun así, sigue abriendo la puerta.

