Lo que debía ser un recuerdo feliz terminó rompiendo el corazón de un niño. Brody Ridder, de 12 años, llegó a su casa con su anuario casi en blanco, luego de que varios compañeros se negaran a firmarlo cuando él se los pidió.

Entre las pocas firmas, había una que dolía más que todas: la suya. “Espero que hagas más amigos”, escribió, reflejando lo difícil que había sido su año, marcado por burlas y soledad.

Pero la historia dio un giro inesperado. Su madre compartió la situación en redes y, en poco tiempo, estudiantes mayores, que ni siquiera lo conocían, llegaron a su sala para llenar su anuario con mensajes de apoyo.

El mismo cuaderno que estaba casi vacío terminó lleno de palabras que le recordaban algo importante: que no estaba solo.

