Nala tiene cuatro años, un pelaje blanco como una nube y una misión que nunca logró cumplir.
Jamie Beau Brewer la acogió siendo cachorra en Broadway, Worcestershire, con la esperanza de que lo ayudara a guiar a las 200 ovejas de la granja familiar. La terrier tibetana aprendió las señales, los ladridos y la energía que exige el oficio. Pero tenía un detalle en su contra: su pelaje esponjoso y su pequeña nariz negra la hacen parecerse demasiado a los animales que debía arrear.

Cada vez que intentaba reunirlas, las ovejas no la tomaban en serio. Algunas incluso jugaban con ella, como si fuera una compañera más. Y Nala, con su carácter dulce, cedía con facilidad y el rebaño se salía con la suya. A veces lograba llevarlas hasta la puerta, pero nunca terminaba la tarea.


Jamie lo cuenta con humor: «Es una perrita de trabajo fallida… ahora pasa la mayor parte del tiempo en casa, en el regazo de alguien». Hoy Nala sigue acompañándolo en la granja, más como una compañia alegre que como trabajadora, y en casa es la consentida de todos.
Nala no fue una buena pastora, pero encontró un lugar donde la quieren tal como es.

