El desierto de Atacama, el más árido del planeta, amaneció blanco.


En el llano de Chajnantor y el Observatorio ALMA, a casi 3.000 metros de altura, los termómetros marcaron -12°C, con sensación térmica de -28°C. Todo por un frente polar que bajó directo desde la Antártica y golpeó a Chile y Argentina con una fuerza que nadie esperaba tan pronto.


Temuco, Puerto Montt y Chillán rompieron sus propios récords históricos de frío, y la cordillera acumuló más de un metro de nieve. Del otro lado de la frontera, en Neuquén, el Salto del Agrio —una cascada de hasta 60 metros— quedó parcialmente congelada en pleno cauce. Escuelas cerradas, ciencia detenida y ciudades enteras corriendo tras la calefacción: así se sintió el invierno más extremo en años.
