Cora Ruben tiene 2 años y unas manos que triplicaron su tamaño.

Nació con linfedema, un trastorno genético que acumula líquido linfático en el cuerpo. Su papá, Brett, lo explica así: lo que más llama la atención son las manos, pero también está en su abdomen, en las piernas, en los pies. Los médicos creyeron al principio que la hinchazón era un efecto normal del parto y que se iría sola. Fue la pediatra quien puso por primera vez la palabra linfedema sobre la mesa.

Masajes, vendajes y compresión: nada funcionó. Cuando Kasey y Brett, de Minnesota, sentían que no quedaban opciones, un especialista les habló de la clínica de la profesora Etelka Földi, en Alemania. Allí llegó el giro: solo el 20% de sus manos era líquido linfático. El otro 80% era grasa, y por eso era imposible comprimirlas.

La solución propuesta fue una liposucción. Y ya hay señales: Cora agarra mejor las cosas y puede usar mangas normales. La experta asegura que algún día será una mujer feliz.
