Theresa Kachindamoto tenía el poder de mirar hacia otro lado. En cambio, decidió romper una tradición que llevaba generaciones robándole la infancia a las niñas de Malawi.

Desde su cargo como jefa tradicional, anuló más de 3.500 matrimonios infantiles. Cada anulación significó lo mismo: una niña que dejaba de ser esposa y volvía a sentarse en un pupitre. No pidió permiso a quienes se beneficiaban del silencio. Suspendió a jefes locales que protegían la práctica y se sentó a conversar con comunidades enteras para desmontar rituales que consideraba dañinos para las mujeres.

Hoy le dicen ‘la Exterminadora de Matrimonios’, un apodo que suena feroz pero que esconde algo más simple: una mujer que entendió que defender a las niñas de su pueblo no significaba destruir su cultura, sino salvarla de su parte más cruel.

