Gryffin Sanders tiene 10 años y viajaba de copiloto en la autopista, junto a su bisabuela Darlene Nestor, de 74 años, y su hermanito de solo 4.

De pronto el auto empezó a desviarse hacia el carril contrario, a casi 100 kilómetros por hora. Darlene había sufrido un ataque cardíaco y se había desmayado al volante. “Mi primer pensamiento fue, ¿es esto alguna clase de prueba? Mi corazón daba brincos”, contó el niño a la cadena 9News, en Hugo. Intentó despertarla, no pudo, y entonces hizo lo único que se le ocurrió, tomó el volante y guio el auto hacia una zanja llena de lodo, buscando un lugar donde no chocaran con nadie.

Otros conductores llamaron a emergencias para auxiliar a su bisabuela. Cuando le preguntaron cómo supo maniobrar un auto a esa velocidad sin licencia, Gryffin no dudó: dijo que todo lo aprendió jugando “Mario Kart”. Su padre, Sean Sanders, resumió lo que sintió esa tarde: “No podría estar más orgulloso como padre”.

