Om Prakash Yadav tenía solo 11 años.
Cuando el fuego empezó a devorar la van escolar, el instinto de cualquier adulto habría sido correr en dirección contraria. Él hizo lo opuesto: entró. Sacó, uno por uno, a ocho niños atrapados entre el humo y el metal ardiente, sin pensar en su propia seguridad ni esperar a que llegara alguien mayor.

No hubo entrenamiento previo ni protocolo que seguir, solo la decisión de actuar en el segundo exacto en que otros se paralizaron. Su historia circula años después de aquel día porque recuerda algo simple: el coraje no espera a cumplir cierta edad para aparecer. A veces solo necesita a alguien dispuesto a moverse cuando todos los demás se quedan quietos.

