Casper O’Brien pesaba 116 kilos cuando murió. Tenía 7 años. El peso normal para un niño de su edad ronda los 27 kilos, según los CDC. En febrero de 2024 pesaba 47. En menos de dos años, algo dentro de esa casa en Flint Township, Michigan, lo llevó a cuadruplicar su peso corporal.

Los paramédicos llegaron el 4 de noviembre de 2025 por una alerta de dificultad respiratoria. Encontraron al niño inmóvil en una cama, en una casa tan llena de objetos que dificultaba el acceso. Afuera, sin ropa y en pésimas condiciones de higiene, estaba su hermana de 5 años, también con obesidad mórbida.

Ningún colegio, ninguna policía, ningún servicio de protección infantil sabía que estos niños existían. Casper solo fue a consulta médica una vez en su vida, pese a que su familia tenía seguro. El día que murió, sus padres sí llamaron a un veterinario para el perro de la familia. Damien y Jessica O’Brien enfrentan ahora cargos de asesinato en segundo grado, tortura y abuso infantil.
