Benicio Hoffmann tiene siete años y ese día solo quería andar en bicicleta por su barrio en Curitiba, Brasil. Se cayó, golpeó un auto estacionado y, en lugar de salir corriendo como haría cualquier niño asustado, se quedó ahí pensando qué hacer.

Tomó un papel y escribió, con su letra torpe de niño: “Buen día. Golpeé su auto. Me caí de la bicicleta. Aquí está el teléfono de mi padre”. Lo dejó en el parabrisas y se fue tranquilo, sabiendo que había hecho lo correcto.

Marcelo, el dueño del vehículo, ni siquiera había notado el rayón hasta que leyó la nota. Conmovido por la honestidad del pequeño, decidió no cobrar nada por la reparación. Marcel Weiss Hoffmann, el papá de Benicio, contó después que su hijo no descansó hasta encontrar una solución. A veces la lección más grande de responsabilidad la da quien menos años tiene.
