Dentro de enormes bolsas de plástico, con la abertura cuidadosamente cerrada, los niños quedan completamente protegidos del agua mientras sus padres los sostienen y nadan con ellos hasta la otra orilla. No es un juego ni una medida improvisada para cruzar una calle inundada: es la forma en que algunas familias de Huoi Hai, en el noroeste de Vietnam, consiguen que sus hijos lleguen a clases.

Cada mañana, cerca de 50 estudiantes tienen que atravesar el río Nam Ma antes de comenzar un recorrido que puede durar otras cinco horas a pie. Cuando el nivel del agua lo permite, las familias utilizan pequeñas balsas de bambú que empujan manualmente. Pero durante la temporada de lluvias, la corriente se vuelve tan peligrosa que incluso estas embarcaciones pueden terminar arrastradas por el río. Recientemente, un adulto resultó herido después de que una de ellas volcara.

Las autoridades locales han reconocido el peligro y han pedido que las bolsas se utilicen solo como último recurso. Sin embargo, para estas familias, dejar de cruzar el río tampoco significa que los niños puedan quedarse en casa: la escuela está al otro lado y ellos permanecen allí durante toda la semana. Después de completar el cruce, todavía deben avanzar durante horas por caminos resbaladizos y difíciles, hasta que finalmente pueden sentarse en una sala de clases.


