Michael Sherman quería comer más sano y gastar menos en el supermercado.
En 2019 este contratista de paisajismo de 49 años, en Chino, California, arrancó el pasto tradicional de su jardín y sembró batatas, zapallos, bananas y maracuyá. Nada de pesticidas, nada de césped que solo sirve para mirar. Quería una huerta que alimentara a su familia y también a sus vecinos.

El problema es que la ciudad no lo vio con los mismos ojos. En abril de 2026 le llegó una multa de 750 dólares por ‘vegetación excesiva’. En agosto, otra de 500 dólares. Todo esto en una ciudad cuyo lema oficial es ‘donde todo crece’. Le exigieron recortar los cultivos, dejar líneas de visión libres para los peatones y mantener las plantas a más de 4 metros de las propiedades vecinas.

Sherman ya recortó parte de su huerta para cumplir con las normas de seguridad, pero piensa apelar el resto de las citaciones. ‘No confío en el sistema’, dijo, convencido de que cultivar tu propia comida no debería costarte una multa.

