Sophie Cunningham, jugadora de basquetbol, dijo a ESPN que quiere “proteger a las niñas en el vestuario” y que no deberían competir contra “hombres biológicos”.

Nada de disculpas después: ante Connecticut Sun repitió, frente a los micrófonos, “dije lo que dije, creo que es de sentido común”. La cosa no se quedó en la cancha.
La Casa Blanca salió a respaldarla en una rueda de prensa, mientras dentro de su propia liga la respuesta fue otra: Stefanie Dolson, jugó con una camiseta que decía “los derechos trans son derechos humanos” justo antes de enfrentarla.

Afuera del estadio en Seattle hubo hasta una manifestación de apoyo a Cunningham, y una copropietaria del equipo terminó suspendida por la WNBA tras un cruce con dos adolescentes que sostenían carteles a su favor.
Lo que empezó como una opinión en una entrevista terminó siendo el debate más incómodo del año en el básquet femenino.
