El 3 de abril de 2002, Marita Verón salió de su casa en Argentina para ir al médico. No volvió.
Un testigo dijo que unos hombres la subieron a un coche rojo. La policía no encontró nada más.
Su madre, Susana Trimarco, tenía 47 años y ninguna experiencia en investigar. Pero empezó a preguntar por su cuenta. Y llegó donde nadie quería mirar: se disfrazó de prostituta y entró ella misma en los prostíbulos.

Allí, entre luces bajas y puertas cerradas, encontró a otras hijas. Jóvenes que alguien había encerrado y que nadie buscaba. Ella no las dejó ahí.
Por su búsqueda se rescataron 129 jóvenes obligadas a prostituirse. Esa fue la cifra de los primeros años; hoy la fundación que creó habla de miles.
En 2007 fundó la Fundación María de los Ángeles, para acompañar a víctimas y familias. Su caso ayudó a que Argentina dibujara el mapa de la trata.

La justicia fue más lenta. En 2012, los 13 imputados por el secuestro de Marita fueron absueltos. En 2013, otra corte revocó ese fallo y los condenó.
“No la puedo abandonar. Si yo dejo de buscarla, nadie se va a preocupar por ella.”
Han pasado más de 24 años. Marita sigue sin aparecer.
Susana salió a buscar a una hija y le abrió la puerta a cientos.

