No entendía qué pasaba, pero no se separó del ataúd de su dueño

Por Ian Price
26 August, 2026

El gato no lloró, pero tampoco se movió.

Mientras la familia se despedía entre flores blancas y velas encendidas, él subió al ataúd y se acomodó ahí, con la cabeza apoyada como si buscara el calor de siempre. ¿Sabía lo que pasaba? ¿Esperaba que su dueño despertara y lo acariciara una vez más? Nadie pudo responder eso, pero tampoco nadie tuvo el corazón para apartarlo.

Casos como este se han repetido en distintas partes del mundo: gatos que se niegan a dejar el cuerpo de quien los cuidó, como si entendieran, a su manera animal, que algo se rompió para siempre. No hace falta que un gato hable para saber que también extraña. A veces basta con verlo quedarse quieto, justo ahí, donde antes estaban los brazos que lo alimentaban.

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