Una noche de 2018, la policía bonaerense Celeste Ayala se encontraba realizando un servicio en el Hospital de Niños Sor María Ludovica de La Plata cuando escuchó el llanto de un bebé que no lograba calmarse.
Al acercarse, notó que el pequeño se llevaba las manos a la boca y rápidamente sospechó que tenía hambre. Ayala había sido madre recientemente, por lo que pidió autorización al personal médico para amamantarlo.

El bebé comenzó a alimentarse y, casi inmediatamente, dejó de llorar.
“Me acerqué y noté que el menor lloraba desconsoladamente; fui mamá hace poco, y me di cuenta de que tenía hambre, se llevaba la mano a la boca, así que pedí abrazarlo y amamantarlo”, contó.
La historia conmovió todavía más al conocerse que el pequeño estaba internado por desnutrición y había sido apartado de su madre por orden de un juzgado de familia.

“Fue un momento muy triste, me partió el alma verlo así”, contó la policía, quien aseguró que en ese instante no actuó como uniformada, sino simplemente como madre y como ser humano.
La imagen de Celeste amamantando al bebé se viralizó rápidamente y terminó teniendo incluso consecuencias en su carrera: fue ascendida al grado de sargento por el impacto de su gesto.

A veces, los gestos más pequeños ocurren cuando alguien simplemente decide no mirar hacia otro lado.
