Nathalie Richert tenía que escuchar que su piel era contagiosa. No lo era. Nació en Suecia con una forma poco común de ictiosis conocida como “ictiosis con confeti”, una condición genética que vuelve la piel enrojecida, gruesa y escamosa, con pequeñas manchas de piel de aspecto más normal que le dan nombre a la enfermedad.

Los estudios médicos han documentado apenas unas decenas de casos en el mundo. Durante su infancia y adolescencia, las miradas y los prejuicios la acompañaron a todas partes: en una entrevista recordó una ocasión en la que no le permitieron entrar a un parque acuático por el aspecto de su piel.

Con los años, Nathalie dejó de esconderse. Empezó a publicar fotografías sin filtros en redes sociales, se animó a participar en sesiones profesionales de modelaje y descubrió que la reacción de la gente era distinta a la que temía. Hoy usa sus plataformas para explicar qué es la ictiosis y evitar que otros pasen por el mismo rechazo.

En 2022 dio un paso más: contó su historia en un programa documental y se animó a tener su primera cita. “No deseo ser otra persona”, resumió.
