Un niño de 12 años caminaba hacia la frontera de Ceuta con Marruecos empujado por un legionario. Lloraba. Repetía una sola frase: “No, Marruecos, no”.
Nadie sabía quién era ni con quién estaba, porque no había ningún adulto a su lado.
El periodista Nicolás Castellano, de la Cadena SER, relató los hechos en directo. Varias mujeres que estaban cerca de una parada de taxis se acercaron a traducir lo que el niño gritaba entre lágrimas.
Fue entonces cuando se confirmó lo que la ley española prohíbe expulsar sin más: un menor no acompañado.
La intervención de esas mujeres, del propio periodista y de un mando de la Legión frenó la devolución justo antes de que se consumara. Si nadie hubiera estado ahí para traducir su llanto, ¿alguien se habría detenido a tiempo?
