Allison Janney tiene 66 años y ya no le pide permiso a nadie para vivir como eligió.
De joven creyó que el matrimonio era una parada obligatoria en el camino, ese destino que todos daban por hecho. Con los años se dio cuenta de que ese camino no era el suyo. Llegó a pensar en ser madre cuando tenía cuarenta, incluso llegó a considerarlo en serio, pero la maternidad tampoco terminó de encajar en la vida que estaba construyendo.

Hoy lo dice sin sombra de duda: no se arrepiente de nada. Ni del matrimonio que nunca llegó, ni de los hijos que nunca tuvo. Solo de haber tardado un poco en entender que su vida no tenía por qué parecerse a la de nadie más.

