Jon James tiene 42 años, el pelo naranja, los brazos llenos de tatuajes y un apodo que lo precede: ‘The Outback Barber’. Es barbero en Queensland, Australia, y hace un tiempo tomó un avión pequeño hacia Mornington Island, una isla remota en la costa norte del país, donde el desempleo pesa y la comunidad acababa de perder a varios hombres jóvenes por suicidio.

Llegó pensando que solo iba a cortar cabello. Pero cuando vio cuánta gente hacía fila esperando un turno, entendió que podía dejar algo que durara más que un corte: un oficio. Así nació el taller que dio como parte del Fade Wellbeing Barbering Program, de North West Remote Health. Le sorprendió lo rápido que los participantes aprendieron a hacer degradados perfectos, casi sin ayuda.

Antes de esa isla, James ya llevaba seis meses recorriendo Queensland dando talleres gratuitos. Y al terminar en Mornington, la organización entregó 20 kits profesionales de barbería, para que ese aprendizaje no se quedara solo en un buen recuerdo, sino en una forma real de ganarse la vida.

