Princess tenía unos 8 meses cuando un auto la atropelló en Williamson Road, en Roanoke, Virginia.

Su dueño, Curtis, la vio todo y no tenía cómo pagar una clínica de emergencia. Así que a las 4 de la madrugada llegó a Angels of Assisi, una organización sin fines de lucro que ofrece atención veterinaria accesible, la envolvió en una manta y se acostó a su lado sobre el cemento.
Esperaría las horas que hicieran falta. Lo que no sabía es que las cámaras de seguridad lo estaban grabando.

Cuando el equipo llegó, la metieron de inmediato. Princess no podía ponerse de pie, tenía una pata delantera dislocada, dientes dañados y una lesión nerviosa en las patas traseras. Los veterinarios lograron recolocarle la pata y, semanas después, ya camina sola.


Curtis la visita con frecuencia, le lleva comida y premios, y la gente que vio el video donó en la web de la clínica. Lisa O’Neill, su directora, lo resumió así: “Se te rompe un poquito el corazón porque este hombre ama muchísimo a este perro”.
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