Caitlin Jones tiene 20 años y vive en Sheffield. Desde 2020, cada vez que intentaba eructar, su cuerpo producía un ruido gutural de rana en lugar de liberar el aire. El músculo cricofaríngeo, el que regula la entrada y salida del esófago, simplemente no se relajaba. El gas quedaba atrapado, viajaba hacia el estómago y los intestinos, y salía por otro lado.

Fue al médico en octubre de 2020. Le dijeron que era ‘normal’ y que probablemente tenía colon irritable. Decidió ir a una consulta privada en Londres en 2023, donde le diagnosticaron disfunción cricofaríngea retrógrada, también conocida como ‘síndrome de no eructar’. La primera ronda: 50 unidades de Bótox en un solo lado del músculo, £800. No funcionó. La segunda ronda, en abril de 2026: 100 unidades en ambos lados, £1.000. Tres días después, eructó por primera vez en seis años. Primero uno pequeño. Luego uno normal. Luego uno de cinco segundos.

El Bótox no es una cura permanente: paraliza el músculo temporalmente para que el cuerpo recuerde cómo hacerlo. Lo perturbador del caso es lo que el médico ignoró: años de náuseas, presión en el pecho, ansiedad social y aislamiento causados por no poder liberar algo que el cuerpo humano hace de forma completamente involuntaria. 🔬
