“No puedo más”: las últimas palabras de Izzy Sapherson-Moralee, la joven de 22 años que murió pesando 35 kilos tras cinco años adicta a la ketamina

Por Rodrigo Martínez
11 June, 2026

Izzy Sapherson-Moralee tenía 22 años, trabajaba como agente inmobiliaria en Wimborne, Dorset, y empezó a consumir ketamina durante los confinamientos de 2020. Cinco años después, su cuerpo pesaba 35 kilos. La droga le había destruido la vejiga, y gastaba unos 600 dólares al mes en pañales de incontinencia solo para poder salir de su casa.

Lo que hace este caso clínicamente perturbador es la progresión documentada: la ketamina provoca una cistitis química irreversible cuando el consumo es crónico. El dolor se vuelve constante, la vejiga se contrae, y el organismo —sin grasa ni músculo— empieza a consumirse desde adentro. Izzy llegó al hospital, pero se dio de alta voluntariamente dos días antes de morir.

Su madre, Ann Moralee, llevaba 18 meses intentando conseguir ayuda médica sin éxito. Denunció “oportunidades perdidas” ante el forense Brendan Allen durante el inquest celebrado en Bournemouth. Izzy había dejado de confiar en los médicos tras una experiencia que describió como humillante con un urólogo del Salisbury District Hospital. En el Reino Unido, el consumo de ketamina aumentó más de un 250% desde 2015. Izzy es una de sus consecuencias más extremas y documentadas.

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