Marcela Alonso tenía 16 años cuando quedó embarazada. Su familia, en vez de ayudarla, le dio la espalda. Con el salario mínimo en unos 4,75 dólares la hora y sin apoyo de nadie, empezó a trabajar como stripper en Tampa y Las Vegas para sacar adelante a su hija.

Años después, ya con 41, la pandemia cambió todo. Se sumó a OnlyFans en 2017, pero fue en 2020 cuando su cuenta explotó. Llegó a recibir pedidos de videollamadas por 300 dólares apenas despertaba. Hoy factura más de 20.000 dólares al mes, entre suscripciones, videollamadas y contenido VIP.

Dice que le costó más que a otras por ser hispana en una industria que, según ella, favorece a mujeres blancas. Pero no le importa el estigma. Su hija estudia para el LSAT y sueña con entrar a la facultad de derecho. “No quiero que salga con deudas. Es lo que mi padre hubiera querido”, contó Marcela, quien perdió a su papá hace dos años y ahora trabaja para cumplir esa promesa silenciosa.

