“No soy un conejillo de indias”: Sus médicos lo mantuvieron con vida 83 días tras el accidente nuclear, hasta que él mismo pidió que pararan

Por Andrea Araya Moya
28 July, 2026

Un destello azul llenó la sala a las 10:35 de la mañana. Nadie en ese momento entendió lo que significaba, pero esa luz —radiación Cherenkov— anunciaba que algo se había roto para siempre.

Hisashi Ouchi, técnico de 35 años en la planta JCO de Tokaimura, Japón, absorbió 17 sieverts de radiación el 30 de septiembre de 1999, más del triple de la dosis considerada mortal. Habían usado baldes de acero en lugar del tanque oficial para cumplir un plazo de entrega. Al séptimo balde, el uranio alcanzó masa crítica y desató una reacción en cadena.

En el Hospital de la Universidad de Tokio, los médicos vieron algo que no habían visto antes: sus cromosomas estaban destruidos, su médula ósea era apenas puntos dispersos en una imagen. Su cuerpo ya no podía fabricar células propias. Le hicieron trasplantes experimentales, injertos de piel, transfusiones diarias. Nada funcionó. En el día 59 sufrió tres paros cardíacos en una hora. Llegó a decirles a los médicos: “No puedo más. No soy un conejillo de indias.” Murió 83 días después del accidente, el 21 de diciembre de 1999, por fallo multiorgánico.

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