En la tribu Bodi, en el sur de Etiopía, tener una panza sería motivo de orgullo. Ahí la barriga grande no se esconde bajo una camisa ni se combate con ejercicio: se cultiva a propósito. Los hombres participan en una ceremonia llamada “kael”, donde durante semanas solo beben leche fresca y sangre de vaca para ganar peso lo más rápido posible.
Al final del ritual, se paran frente a toda la comunidad y el que tiene la panza más grande gana algo que en otras culturas cuesta conseguir: respeto inmediato. Ahí una barriga prominente es sinónimo de riqueza, disciplina y masculinidad, no de descuido. Quizás la próxima vez que te mires al espejo, recuerdes que en algún lugar del mundo eso que tú escondes, alguien más lo festeja.
