Siete meses. Ese fue el tiempo entre el nacimiento de su hijo número 13 y la noticia de que esperaba al 14.
Joanne Watson tenía 37 años y ya era conocida en el Reino Unido por su enorme familia. Lo que más llamaba la atención no era solo la cifra, sino lo que contaba sobre su cuerpo: según ella, no hacía dietas especiales después de dar a luz, tenía debilidad por el chocolate y en sus embarazos casi no subía de peso porque tenía poco apetito.

Su explicación era mucho más cotidiana que cualquier fórmula mágica. Preparar las comidas, llevar a los niños al colegio, hacer las compras, ordenar la casa y estar de un lado a otro todo el día le dejaba, según decía, prácticamente ningún momento para quedarse quieta.

Con los años, la familia siguió creciendo hasta llegar a 14 hijos, aunque su historia también estuvo marcada por una pérdida: una de sus bebés, Augustina, nació prematuramente y murió con menos de un día de vida.

¿Será que el ritmo de una casa con tantos niños es el ejercicio más intenso que existe?

