Juan Pablo tiene 13 años y su casa no se derrumbó, podría haberse quedado ahí, a salvo, viendo las noticias desde la sala de su casa en Pereira.


Pero el 10 de agosto, cuando un terremoto de magnitud 7,4 partió al Eje Cafetero en dos, este niño se puso un casco y salió a la calle sin que nadie se lo pidiera.
Ayudó a despejar el terreno detrás de una vivienda derrumbada para que los rescatistas llegaran hasta una mujer atrapada entre los escombros. La encontraron sin vida, pero él siguió trabajando. Un periodista argentino de TN Todo Noticias lo encontró entre brigadistas y voluntarios y le puso un micrófono enfrente.
Juan Pablo no dudó: “No voy a dejar solo a mi país”, dijo, y agregó algo que ya se repite en toda Colombia: “Ningún colombiano puede dejar solo a su país”.
Mientras el balance oficial suma 294 muertos y 320 desaparecidos, un adolescente que debería estar en el colegio decidió que la mejor forma de llorar a su país era ayudándolo a levantarse.
