Judith Mawson estaba limpiando el garaje cuando llegaron dos detectives. Su esposo Gary, pintor de camiones, acababa de salir a trabajar. Así se enteró de que el hombre con quien llevaba 14 años casada era el asesino del río Green.

Gary Ridgway estrangulaba a mujeres, muchas de ellas prostitutas y adolescentes que se habían escapado de casa, a quienes recogía en la Carretera 99 de Seattle. Después abandonaba los cuerpos en zonas apartadas cerca del río. Mató durante más de 20 años y mantuvo a una ciudad entera aterrorizada.

En casa, según Judith, era otro hombre: sonriente, amable, atento. Nunca hubo estallidos de ira ni ausencias sin explicación. “Me hacía sentir como una recién casada todos los días”, recordó. Hasta que él confesó, ella defendió su inocencia convencida de que se trataba de un error.

La autora Pennie Morehead, que escribió la biografía de esta esposa sin sospechas, concluyó que una persona puede sostener dos vidas por completo distintas. Gary le dijo que quería parar, pero no podía: matar era para él lo que la cerveza para un alcohólico. Y durante 14 años pasó de una vida a la otra sin que nadie lo notara.

