Tyrese Gibson tiene una regla que nunca rompe: cero alcohol, cero drogas, ni un cigarrillo real frente a cámaras.
Lo explicó sin rodeos: su madre fue alcohólica durante 27 años, y él aprendió a temerle no al primer trago, sino a todo lo que viene después. “Ese sorbo lleva a una copa, esa copa a un galón, y ese galón al alcoholismo”, dijo. Para él, cada gota es un paso directo hacia convertirse en la persona que vio sufrir en su propia casa.

Lo curioso es que Tyrese no juzga a quien bebe socialmente. Al contrario: asegura que en cualquier fiesta, sobrio y con la mente despejada, es él quien termina bailando más fuerte que nadie. Su sobriedad no es una limitación, la convirtió en su forma de mantener el control sobre una historia familiar que decidió no repetir.

