Gabriela y Fábio tenían 28 años cada uno y llevaban tres años viviendo juntos cuando ocurrió lo que nadie veía venir.
Ella tiene síndrome de Down; él, una discapacidad intelectual. Se conocieron en una escuela de la APAE, en Brasil, y creían que el sexo entre ellos estaba prohibido.


Un día Fábio comentó, en una charla cualquiera, que la barriga de Gabriela “daba golpes”. Un amigo sospechó y buscó a la madre de ella. En el hospital confirmaron que estaba embarazada de seis meses. No había tenido control prenatal y el embarazo era de riesgo, por los posibles problemas cardíacos asociados al síndrome de Down.
Valentina nació el 19 de marzo de 2008, prematura y sin ninguna discapacidad. Después llegó otro golpe: según las fuentes, se negó el registro de nacimiento de la niña porque se dudaba de la capacidad de Fábio.

La pareja luchó y la justicia cambió su dictamen tres meses después.
Más tarde se casaron, y hoy los dos viven en Socorro (São Paulo), criando a su hija con ayuda de sus padres.

