Omar Bin Omran tenía 19 años cuando salió de su casa en Al-Qadid, Argelia, rumbo a la escuela. Era 1998. Nunca llegó. Durante 26 años su familia lo buscó, lo lloró y finalmente lo dio por muerto.

La verdad estaba a apenas 200 metros de distancia. Un vecino de 61 años lo mantenía oculto en su sótano, entre pacas de heno, todo ese tiempo. Cuando la policía llegó a la vivienda, el hombre intentó escapar, pero fue detenido en el acto.

Lo más perturbador llegó después, en el propio relato de Omar: aseguró haber creído estar bajo una especie de hechizo impuesto por su captor, algo que le impedía reaccionar o pedir ayuda pese a estar tan cerca de los suyos. Su madre murió en 2013 sin dejar de esperarlo. Él seguía ahí, a unos pasos, todo este tiempo.

