Una perforación mal cicatrizada a los 10 años le dejó a Aitia algo más que un recuerdo doloroso.
La oreja izquierda se le puso verde y jamás recuperó su color normal. Durante veinte años, este director de cine radicado en Toronto pasó por consultorio tras consultorio escuchando siempre la misma respuesta: tejido cicatricial, nada de qué preocuparse. Nadie profundizó más.
La explicación real llegó por accidente, en una radiografía dental de rutina. Ahí apareció, nítido, un objeto que no debía estar ahí: el broche metálico de un arete, con forma de mariposa, encapsulado dentro de su oreja desde la infancia. El metal llevaba dos décadas oxidándose en contacto con la piel, generando ese tono verdoso, un fenómeno casi idéntico al que sufren algunas muñecas Barbie cuando sus aretes reaccionan con el material del cuerpo. Aitia compartió el hallazgo en Instagram y el video superó los 7 millones de reproducciones.
