
Otter nació sin una parte del cráneo formada del todo, con el cerebro peligrosamente expuesto a cualquier golpe.
Lo rescataron en el norte de California junto a su hermana Bunny, ambos desnutridos y enfermos. Baby Kitten Rescue, el refugio de Los Ángeles dirigido por Caroline Grace, lo acogió y le fabricó un pequeño casco negro a medida para que pudiera moverse sin arriesgar su vida. Así vivió meses, jugando y creciendo con esa protección puesta todo el día.
Cuando Otter terminó de desarrollarse, el hospital veterinario MASH le colocó una malla de titanio que selló para siempre la abertura de su cráneo. Un mes y medio después, en enero de 2023, ya no necesitaba el casco. Hoy vive sin restricciones, adoptado junto a Bunny, disfrutando de algo que parecía imposible: una vida normal.


