Hay reseñas que arruinan a un restaurante y reseñas que confunden a internet entero.

Esta es la segunda clase. Un paciente escribió que el Dr. Lewis le había salvado la vida —así, literal, sin metáforas— y sin embargo le puso 4 de 5 estrellas. Ni una línea de queja, ni un mal comentario sobre la atención. Solo esa frase, seguida de una calificación que no coincide con nada de lo que acaba de decir.

La gente empezó a especular qué le faltó al médico para llegar a las cinco estrellas completas. ¿Debía además validarle el estacionamiento? ¿Ofrecerle un café mientras esperaba los resultados? El caso se volvió un ejemplo perfecto de lo imposible que es complacer a algunos clientes, incluso cuando el servicio prestado fue, literalmente, salvarles la vida.
