Yu Xukang, de 40 años, se levanta cada mañana en el condado de Yibin, en el suroeste de China, y hace lo mismo desde hace años: carga a su hijo Xiao Qiang, de 12, en una cesta improvisada sobre la espalda, y camina.

No es un paseo corto. Son cerca de 28 kilómetros, ida y vuelta, hasta la escuela primaria Fengxi, en la ciudad de Fengyi. Antes de encontrar ese colegio, varios centros le cerraron la puerta a su hijo por su discapacidad física. Xiao Qiang no tiene problemas cognitivos, solo necesita que alguien lo lleve hasta el aula. Y ese alguien es su padre.

Yu Xukang cría solo a su hijo desde que el niño tenía 3 años, cuando su esposa se fue. Nueve años después, sigue caminando cada día sin quejarse, porque para él educar a su hijo no es una opción: es la única.

