Gregory Talbert, un hombre de Memphis, llevó a su hijo Michael, de 18 años, ante la corte de la jueza Eboni K. Williams con una demanda insólita. Reclamaba el dinero invertido en un programa de “conversión”. Talbert decidió inscribir al joven en dicho curso tras encontrarlo besándose con un amigo.

El demandante alega que el joven “no terminó el tratamiento”, mientras que Michael confesó que aceptó participar solo bajo la amenaza de ser expulsado de su hogar tras revelar su orientación sexual.



La jueza cuestionó duramente la validez del reclamo, señalando el daño psicológico y la falta de consentimiento real en un caso que ha indignado a las redes sociales por su frialdad financiera.
