Hay fosas sépticas que llevan tantos años sin mantenimiento que los desechos del fondo se compactan hasta volverse casi piedra.

Ninguna bomba de succión logra moverlos. Solo queda una opción: que alguien entre, eche agua y rompa esa masa endurecida con sus propias manos.

Es un trabajo que se hace respirando metano y sulfuro de hidrógeno, rodeado de bacterias capaces de matar. Quien compartió estas fotos lo resumió así: “Me esfuerzo por quienes amo haciendo lo que sea necesario siempre y cuando no avergüence a mi conciencia”.

Pocas imágenes muestran tan crudamente hasta dónde puede llegar una persona para mantener a su familia.
