Joycelynn Dylewski tenía 3 años cuando las autoridades llegaron a su casa en Corinth, Nueva York, en febrero de 2025. La encontraron sin poder respirar, cubierta de piojos, con los dientes severamente deteriorados y con clonidine —un medicamento con receta que nadie le había prescrito— en su organismo. No había visto a un médico en los 10 meses anteriores. Murió de anemia provocada por una infestación de piojos que sus padres dejaron avanzar durante semanas, posiblemente meses.

El 22 de junio, Matthew y Samantha Dylewski se sentaron frente a un juez que describió su hogar como “deplorable e inadecuado para que cualquier niño viviera en él”. Ambos se declararon culpables de homicidio por negligencia criminal. La pena máxima que el sistema les pudo imponer: 16 meses a 4 años de prisión. En la audiencia, el padre declaró que desearía haber muerto él en lugar de su hija. La pareja tiene otros cuatro hijos.

La muerte de Joycelynn desató una ola de indignación que llegó hasta el Senado estatal. El legislador Testico impulsa la llamada “Ley de Joycelynn”, que elevaría la pena máxima por homicidio por negligencia criminal de un menor hasta 20 años de prisión. Porque para muchos, 4 años no es justicia.
