
Matthew Shetterly murió a los 23 años por una sobredosis en 2014.
Sus padres, Michael y Barbara Shetterly, de Essex, Maryland, Estados Unidos, tomaron una decisión que cambiaría otra vida: donaron su corazón y su hígado. Del otro lado esperaba Erv Basdon, un hombre que cargaba con una culpa silenciosa por seguir vivo gracias a la muerte de un joven al que nunca conoció.
Pasaron dos años antes de que los Shetterly reunieran el valor para buscarlo. Cuando por fin se encontraron, Michael y Barbara colocaron el estetoscopio sobre el pecho de Erv y escucharon, otra vez, el corazón de su hijo latiendo con fuerza. Fue entonces cuando Erv entendió que aquel sacrificio no había sido en vano.
