Yenifer García Valencia tenía 33 años y quería terminar un tatuaje que le cubría la espalda y los glúteos: un dragón junto a la figura de una joven. Era su tercera sesión. Para soportar el dolor, la familia pagó 200 dólares por un servicio de sedación a domicilio en su casa del barrio Terrazas de San Jorge, en Bogotá.

Quien le aplicó las inyecciones no era anestesiólogo. Según confirmó la Secretaría de Salud de Bogotá, se trataba de un auxiliar de enfermería sin ninguna acreditación para sedar a nadie, identificado como Juan Jaider Sánchez Goes. Su hermana Claudia denunció que le pusieron varias dosis seguidas y que entre las sustancias había ketamina, la misma que se usa en animales.

Cuando Yenifer dejó de responder, fue su hija quien llamó al 123. El tatuador y el auxiliar intentaron reanimarla por media hora antes de que llegara la ambulancia. No lo lograron. Ella dejó a tres hijos y un viaje a San Andrés ya planeado para los 15 años de su hija. Hoy, la Fiscalía investiga el caso, pero los dos hombres que estaban en esa casa siguen sin aparecer.

