Danny Tomlinson tenía 47 años y unos dientes que lo hacían sentir mal: torcidos, oscuros, manchados. Vio los resultados de un amigo que se había operado en Turquía y tomó una decisión en cuestión de horas. “No hice ninguna investigación, simplemente lo reservé”, admite hoy este colocador de pisos de Essex, Inglaterra. 😬

En diciembre de 2020 voló a Turquía, le limaron los dientes naturales hasta convertirlos en pequeños muñones y le pusieron coronas. La cuenta final fue de unos 5.000 dólares. Al principio quedó contento. Pero casi de inmediato los dientes de abajo empezaron a moverse. En seis años ha regresado nueve veces a la misma clínica, y cada vez la respuesta fue la misma: le limpiaban los dientes y lo mandaban de vuelta a casa sin decirle nada.

Hoy Danny no puede morder una hamburguesa sin cuchillo y tenedor, no puede cerrar la boca del todo y vive con el miedo constante de que sus dientes se caigan en cualquier momento. La clínica turca le cotizó 16.000 dólares más para seguir interviniendo. Un dentista en el Reino Unido le advirtió que todas las coronas superiores y varios dientes inferiores eventualmente necesitarán reemplazarse — un costo que podría llegar a 50.000 dólares. “Ojalá simplemente me hubiera puesto brackets”, dice. “Nunca le recomendaría esto a nadie en el planeta.” 😔

