Pagó 50.000 dólares para clonar a su perro fallecido, pero el cachorro que recibió tenía una personalidad completamente distinta a la que esperaba

Por Matías Mora
10 September, 2026
@ariellaiorio

Ariella Lorio esperaba en el aeropuerto JFK de Nueva York a que le entregaran algo imposible: un perro con el ADN exacto de su difunta mascota.

Su perrito Ciuppi había muerto en marzo de 2025, y Lorio pagó 50.000 dólares a un laboratorio en Hong Kong para clonarlo. Nueve meses después tenía en sus manos a Smoochie, genéticamente idéntico, criado desde cero para ser una segunda oportunidad.

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Pero apenas lo cargó, el cachorro la orinó encima entre risas nerviosas, y ahí empezó a notar las diferencias. Ciuppi era tranquilo y desconfiaba de los hombres; Smoochie tiene energía sin límites, odia el agua y adora a cualquier desconocido que se le acerque. Lorio había pagado 50.000 dólares creyendo que el mismo ADN le permitiría recuperar, de alguna manera, a Ciuppi. Pero al conocer a Smoochie entendió que había clonado sus genes, no a su perrito.

Y aunque al principio la sorprendió descubrir que no se comportaba como Ciuppi, terminó aceptando una idea mucho más difícil: no había conseguido traerlo de vuelta, sino que había conocido a un perro completamente nuevo. El ADN se puede copiar. La personalidad, los recuerdos y ese vínculo que hacía único a Ciuppi, no.

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