Pamela Anderson tenía menos de 30 años cuando un médico le dio una noticia que sonaba a sentencia final: hepatitis C, con un pronóstico de apenas una década de vida.
No fue el miedo a morir lo que más la persiguió. Fue pensar en sus dos hijos pequeños, y en qué pasaría con ellos si ella no estaba. Se cree que contrajo el virus al compartir una aguja de tatuaje con su expareja Tommy Lee, y el tratamiento que siguió después se llevó cada dólar que tenía ahorrado.

En 2015, casi dos décadas después de ese diagnóstico, Anderson anunció que estaba libre del virus. El 6 de septiembre de 2026, en la Gala amfAR de Venecia, subió al escenario a recibir el Premio al Valor y dijo la frase que resume todo: “no soy una víctima, soy una vencedora”. Tiene 59 años y hoy la hepatitis C, la misma que casi le cuesta la vida, es curable en la mayoría de los casos.
